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29 ottobre

La Segunda Oportunidad - 12 - Bajada en puerto

 
Capitulo XII
Bajada en puerto
 
 
25 ottobre

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22 ottobre

La Segunda Oportunidad - 11 - La moto

La Moto Capitulo XI
de Paco Costas.
    
 
19 ottobre

Carta a un imbécil.

Carta a un imbécil

PÉREZ REVERTE, Arturo

Incluido en Patente de corso (1993-1998)

Madrid: Alfaguara, 1998 (págs. 95-97)

ISBN 84-204-8350-8

4.14

Querido Imbécil: No llegarás a comerte las próximas uvas, porque de aquí a un año

estarás muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas

para los restos. No palmarás, te lo comunico, de forma heroica, ni útil, ni siquiera natural.

Habrás fallecido estúpidamente, a ciento ochenta y en un cambio de rasante, o una

curva, justo cuando pongas para ti mismo cara de duro de película y metas gas, intrépido,

jaleado por música imaginaria o real, creyéndote el rey del mambo.

Lo peor del asunto, discúlpame, no será tu pellejo; que al fin y al cabo -salvo para ti mismo

y algún familiar- no valdrá gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevarás

por delante, quizás, a gente que ningún interés tiene en acompañarte en el viaje: amigos

incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peatón, el camionero

que trabaja para ganarse la vida. Sería más práctico y más limpio, ya puestos a eso, que

acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto

más íntimo y considerado. Pero sé que no lo harás así, porque en lo tuyo no hay voluntad

de hacerte pupita. Cuando llegue será de forma imprevista, y aún tendrás tiempo de poner

ojos de esto no me puede ocurrir a mí antes de romperte los cuernos y quedarte, como

dicen los clásicos, mirando a Triana para los restos.

Llevo varios años viéndote pasar a mi lado por carreteras y autovías, abonado al carril

izquierdo, dándome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A veces te pegas a

un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la sólida

mecánica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fría. En la intrepidez de tu

golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiración despierta a tu alrededor y,

en especial, en ti mismo. Guapo. Machote. Que eres un virtuoso.

Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan frágiles que te temblarían las manos si lo supieras.

Todo cuanto tenemos, que parece tan sólido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo

en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la

vida, la condición humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de

metralla o bala, una gota de agua o aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de

esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú y todo lo que

tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo

que podías haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás.

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Así nos iremos todos, claro. Pero unos se irán antes que otros. Y a ti, querido, te toca en

1994 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas tú. Pero

yo sé que eso puede ocurrirme cualquier día en cualquier sitio, porque mi condición es

mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza.

Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuarás -afortunadamente-

tu último adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedará sepultado en las estadísticas

de operaciones retorno, puentes o fines de semana, o si merecerás tratamiento individual

tal vez con fotos de hierros retorcidos y pies asomando bajo una manta -siempre se

pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las páginas de un diario o, incluso,

con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu óbito me traen al

fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta página, diré que ni siquiera me importas

tú.

Hay quien afirma que toda vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta

menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen

menos sagradas que otras.

En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la

reencarnación-, allá cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar caballos

de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente.

Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que

es riesgo y la vida peligrosa. Gente que sí merece que derramen lágrimas por ella cuando le

pican el billete, en lugar de lamentar la desaparición de fulanos como tú; de tipos incapaces

de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qué sabrás tú del riesgo, capullo.

Y de la muerte. Y de la vida.

Que tengas buen viaje.

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15 ottobre

La Segunda Oportunidad - 10 - Curva con tierra

Curva con tierra
Capitulo X
 
 
10 ottobre

Capitulo 9 - Ver y ser vistos

La segunda oportunidad Capitulo IX
Paco Costas
Ver y ser vistos
 
01 ottobre

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Capitulo 8. La Luz

Capitulo VIII La Luz
de Paco Costas.